Me siento culpable…

Así que me desperté esta mañana y me dí cuenta de que me sentía culpable…Vaya! ,¿Qué hice?

La culpa es una de esas energías disonantes que son ampliamente promovidas por los medios de comunicación de masas, por las religiones y por la programación cultural y social. AMPLIAMENTE PROMOVIDAS. ¿Por qué? Porque baja nuestra vibración y nos absorbe dentro del ciclo víctima/agresor.

Mi primer pensamiento fue: “¿qué habré hecho tan mal como para despertarme con tal cantidad de culpa?”. Dediqué varias horas a permitirle existir, expresarse y crecer, este sentimiento de culpa…y nada. No tenía ni idea de por qué estaba allí, ni de dónde venía. Me dí cuenta de que estaba teñido con matices de energía víctima/agresor, y con miedo.

Cuando era una niña, en algún momento decidí que quería experimentar la vida tal como la experimenta un ser humano habitual. Esto más que nada porque no tenía cómo captar el por qué las personas se comportaban del modo en que lo hacían, o por qué seguían aferrándose a energías disonantes mucho tiempo después de que estas se hubiesen activado. La decisión se llevó a cabo inmediatamente y pude experimentar muchas emociones humanas fuertes, conflictos, decisiones, sufrimientos (me aferré al dolor hasta pasado su momento de utilidad) y demás. Pero todo fue artificial, e incluso en los corredores más oscuros de la desesperación, estaba observando y aprendiendo, sin dejar de saber que todo esto era ilusorio.

Una de las primeras cosas que hice cuando era niña, mientras vivía la “experiencia de ser humana”, fue el quitar la culpa mediante el retirar de mi mente el recuerdo de lo que había hecho/experimentado. Esto finalmente desencadenó en olvidos y despistes; el velo cayó ante mis ojos. Antes de esto, podía recordar cada uno de los momentos de mi vida. Era capaz de citar de memoria una página al azar de un libro que había leído hace años. Después de esto, no podía recordar ni qué había desayunado.

Algunas décadas después, la utilidad de “vivir la vida como un humano habitual” se fue extinguiendo hasta que ya no me era útil, y volví a mi ser natural una vez más, pero ahora con varios programas aún allí, como residuo de mis años de “experiencia humana”. Esto implica que a menudo ignoro de qué se trata alguna disonancia particular, de dónde viene, o qué la ha provocado, pero capto una idea de lo que podría ser a través de su “especie”.

Esta mañana el sentimiento de culpa estaba ahí en mi campo energético, en mi cuerpo, y no podía descubrir de dónde venía ni qué “había hecho” para activarlo. Pensé en lo último que había hecho la noche anterior y recordé que me encontraba trabajando en un artículo acerca de la guerra. En él hablaba de un veterano que conocí hace un par de semanas, y pensé que eso debía ser, que no sabía cómo contactarlo (conversé con él en un café) para pedirle autorización para compartir su experiencia. Me dije que “no tengo su permiso, por lo tanto, no está bien compartir su experiencia”.

Borré el artículo. Nada. El sentimiento de culpa todavía seguía allí.

Hay dos adultos viviendo conmigo aquí en casa, así que básicamente les conté que me sentía culpable y que no sabía por qué, a lo que esperé algún comentario de su parte. Uno de ellos comenzó un largo dialogo acerca de cuán culpable se sentía de esto o aquello. El otro simplemente no tenía idea de qué decir.

Pensé, entonces, ¿no estaría quizás sintiendo la culpa de otr@s? ¿acaso podría tratarse de algo presente en el colectivo humano?

Bingo!

La resonancia de este hallazgo se expandió por mi cuerpo inmediatamente. Hay alguien dentro de mi campo de conciencia sintiéndose culpable. Luego recibí un firme “lo siento tanto”. Pero… ¿acerca de qué?

Los matices de víctima/agresor estaban ahí, y mientras los observaba, ví a la persona detrás de la máscara.

Entonces lo supe. No era más que una experiencia espiritual de acuerdos. Esto sucede cuando capas de energías recubren a una persona para hacerle pensar que ha hecho algo, o que algo le harán o le sucederá. Con frecuencia lo que sigue es el acto real de hacer algo, o de ser víctima de algo que tiene relación con la energía que se le ha superpuesto. La razón de que suceda es que la persona lo “cree”, y por lo tanto, con ello dice “Sí, adelante, esto puede suceder en mi vida”. Es un acuerdo inconsciente de que ello le suceda.

A lo largo de toda mi vida ha habido intentos de absorberme dentro de la dinámica víctima/agresor, donde hubiese sido lo suficientemente impedida o deshabilitada como para transmitir eficientemente el mensaje de empoderamiento a las personas. Y muchas veces fui absorbida rotundamente, por muchos años.

Y hoy mordí el anzuelo, me hallaba dando vueltas en círculo por horas, y si no hubiese identificado esta última “intención”, todavía estaría dando vueltas, quizás con miedo de que alguien me haría algo horrible. Y fue esa última intención, la de llenarme de temor, la que terminó con este juego. Verás, yo no soy lo importante. Si fallo, alguien más -quizás cientos de personas- continuarán entregando el mensaje de empoderamiento. E incluso en mis momentos de mayor estupidez o ignorancia, sobreviví a todos estos intentos y viví para seguir difundiéndolo otro día más. Y ahora, aunque no sea la persona más sabia del planeta, ya no caigo tan fácilmente.

Tod@s estamos conectad@s, y si no hubiese procesado la situación, cualquier cosa que hubiese escrito o hecho, hubiera estado teñida con la energía de “estoy haciendo algo malo”. Cualquiera que estuviese en proceso de despertar, o que sea sensible a las energías, lo habría recibido y hubiese percibido que yo me sentía culpable por algo. Así es que las implicaciones, de que yo procese o no lo que aparezca en mi vida, son amplias y van más allá de mí. Esta energía habría terminado contaminando el mensaje de empoderamiento que entrego cada día.

El motivo por el que decidí hacer pública esta entrada tan personal es porque demuestra claramente cómo una disonancia puede hacernos caer en caminos equivocados.

PERO si la disonancia proviene de una fuente externa o si en efecto hicimos algo disonante por cuenta propia, podemos salir de ello en un momento. No tiene NINGÚN SENTIDO el mantener el sentimiento de culpa después de haber hecho algo. Mejor considéralo como una “bandera roja”: tu cuerpo, tu yo superior, tu cuerpo energético, emocional o tu mente, están diciéndote que hay una gran disonancia entre tu verdadero ser y tu acción; procésala y muévete hacia un yo más resonante. Mientras más resonante somos, más se expande nuestra conciencia y más fácil resulta entrar en nuestro poder sin miedos. Y podemos ser de mejor forma esa persona con quien los demás pueden interactuar. Una persona que está siempre receptiva, diáfana, empoderada y viviendo en completa resonancia.

Ven y explora, este y otros temas, en nuestra plataforma WalkWithMeNow.com